
Tengo miedo. Sí lo tengo,
me desvanezco en tibias tardes inconclusas,
me pierdo en retorcidos brazos que me atrapan,
como si un amor intangible me acribillara en plena
calle, como si la angustia me tapizara de una adiposa
membrana, oscureciendo las horas próximas.
Mantengo viva mi prescencia pero trato de aniquilarla
rápidamente, trato de seducirla, engañarla y descuatizarla entre maravillas
inexistentes, la rodeo de bellezas, de caricias ajenas de miradas
inconsistentes, de "te quieros" de otras decadas para hacerla caer
en mi plan siniestro.
Recorro avenidas de locura, me adentro en pasajes de hedores putrefactos para
evitar esta persecución absurda, para no desaparecer del todo...
Tengo miedo y por cierto que tengo mucho...
me he perdido y me he buscado en las piedras a la orilla del camino,
he dejado pistas para volver, pero me he extraviado. No estoy.
¿Será que finalmente he conseguido mi objetivo?
¿Será que he caido en mi trampa?
Tal vez ya no habrán mas lunas en mis anocheceres del olvido,´
quizás ya no me tocará la duda ni el llanto, ni un acorde ni una serenata.
Casi no puedo hablar, estoy petrificada, sigilosa, cautelosa, creo que no me fui
pero tengo miedo de descubrirme en estos espamos de tiempo, debo mantenerme
en silencio sin respirar, sin latidos, sin lechos.
Debo seguirme engañando, para poder permanecer, para poder oler despacito
tus menudas sensaciones, para oir desde las sombras, tus ruidos macabros, tus ecos
deformados al calor de la danza del desamor.














