
Aquella noche, me di mil vueltas por el interminable pasillo de mi pequeña casa, sentía una extraña sesanción en el aire... torbellinos de inquietudes penetraban lentamente en mis decadentes horas de tristeza.A ratos me dejaba caer lentamente en el desgastado cubrepiso, ese adquirido en una liquidación de objetos deshechados por inutiles, allí, justamente donde vendían sus horas las personas que se decían abandonadas por el tiempo.Sentía la textura áspera de recuerdos aprisionados, me ponía de pie, de vez en cuando, como para esperar estoicamente el descenlace fatal, pero luego volvía a caer.... pronto iniciaba mi larga caminata en este espacio ampliamente reducido... por los siglos de los siglos.... Hasta que apoyé mi cabeza en el vidrio de mi ventana y sentí el frio de la mañana, casi tan frío, como nuestra última mirada.... y supe que mi muerte había comenzado...

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